¿Con quién hay que compararse?
Con quien sale contigo en la misma búsqueda, no con quien tienes en la misma calle. Google no respeta los límites del barrio: tu cliente compara las fichas que le salen para esa consulta. Basta con dos a cuatro negocios.
¿Qué hay que leer?
El texto, no solo la nota. Una nota de 4,8 no dice por qué te eligen ni por qué se van. Lee las reseñas del último año, positivas y negativas, de tu negocio y de los de tu competencia.
¿Cómo se agrupan?
Por tema. Una lista de partida que puedes adaptar a tu sector: precio, trato, rapidez y esperas, información antes y durante, resultado, instalaciones, atención posterior, papeles y gestiones. Cada reseña puede tocar más de un tema.
¿Cómo se compara?
Contando. Para cada tema, cuántas reseñas positivas y negativas tiene cada negocio, y qué proporción supone. Los huecos aparecen en dos sitios: lo que a ellos les agradecen y a ti no, y lo que a sus clientes les molesta y tú resuelves.
Un ejemplo real, anonimizado: una inmobiliaria con gestoría tenía un 4,8 en Google, igual que su competencia. Al contar, 13 de sus reseñas positivas nombraban la gestoría y 0 las de sus dos competidores. Además, 6 de cada 10 reseñas negativas con texto eran por papeles o dinero. La nota no enseñaba ninguna de las dos cosas.
¿Cuánto cuesta hacerlo a mano?
Más de lo que parece. Leer unas 1.000 reseñas a unos 20 segundos cada una son más de 5 horas, sin contar clasificarlas, compararlas ni escribir qué hacer con ello. Por eso casi nadie lo hace.
¿Qué cuidar en sectores sensibles?
En salud y estética, trabaja en agregado: temas de experiencia (esperas, trato, información), nunca casos ni resultados clínicos de personas concretas, y sin nombrar a nadie.
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